|
¿Cómo orar por la Iglesia?
|
|
Introducción:
Con mucha frecuencia he preguntado qué podemos pedir en
nuestras oraciones a favor de la iglesia y las respuestas
que he recibido casi siempre han sido muy vagas. La impresión
que he recibido es que en realidad se ora muy poco por la
iglesia. Los motivos más frecuentes son: los enfermos, los
necesitados, la conversión de parientes y vecinos, por algunas
actividades especiales, por los pastores, misioneros, diáconos,
el liderazgo en general y por los creyentes "de todo el mundo".
|
Cuando acabamos de mencionar
todo esto y algo más, pensamos que ya hemos orado por la iglesia,
y en cierta forma sí lo hicimos pero eso no es todo. Nuestras
oraciones deben incluir no solo los motivos sino la forma cómo
pedimos, cómo oramos y cómo intercedemos. Si oramos por la iglesia
de una manera impersonal, con frases esteriotipadas y trilladas,
o repetimos vez tras vez lo mismo pensando "que por nuestra palabrería
seremos oídos" como lo señaló Jesucristo, difícilmente nuestras
peticiones serán escuchadas.
Por eso, en primer lugar, quiero referirme a algunas
frases de Juan Bunyan, que fue encarcelado en el año 1664 por
algunas de sus opiniones sobre el Libro de Oración Común, y permaneció
en prisión por doce largos años. Pienso que las opiniones de un
hombre que prefirió la cárcel antes de renunciar a sus convicciones
sobre la oración, merece ser escuchado. El
escribió:
"Orar es derramar de modo sincero, consciente
y afectuoso el alma ante Dios por medio de Cristo, en el poder
y la ayuda del Espíritu Santo, buscando las cosas que Dios ha
prometido o que son conforme a su Palabra para bien de la iglesia,
con fiel sumisión a su voluntad" Y luego de explicar detalladamente
cada frase, concluyó "Esta cláusula abarca todo lo que tiende
a la gloria de Dios, la alabanza de Cristo o el provecho de su
pueblo, pues Dios, Cristo y su pueblo están de tal manera unidos
que si se ora por el bien de uno, a saber, de la iglesia, se ora
necesariamente por la gloria de Dios y la alabanza de Cristo.
De manera que Cristo está en el Padre, los santos están en Cristo,
y el que toca a los santos toca a la niña del ojo de Dios. Orad
pues por la paz de Jerusalén y oraréis por todo lo que debéis."
Cuando Bunyan se refirió a Jerusalén, sin duda alguna
se estuvo refiriendo a la iglesia, tal como lo hizo Pablo cuando
escribió "Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos
nosotros, es libre" (Gálatas 4:26) y no solo Pablo, sino también
el apóstol Juan hizo la misma identificación en Apocalipsis 21:2
"Y yo Juan vi. la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender
del cielo de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su
marido" (Apoc. 21:2)
Si la "Jerusalén de arriba" somos todos nosotros,
es decir, los cristianos que hemos nacido de nuevo mediante Jesucristo,
las Escrituras nos enseñan cómo debemos orar por la iglesia:
I Debemos orar por la Iglesia
sin reposo y sin tregua.
Isaías 62:1-7 "Por amor de Sion no callaré,
y por amor de Jerusalén no descansaré hasta que salga como resplandor
su justicia, y su salvación se encienda como una antorcha. Entonces
verán las gentes tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te
será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará. Y
serás corona de gloria en la mano de Jehová y diadema de reino
en la mano del Dios tuyo....Sobre tus muros, oh Jerusalén, he
puesto guardas, todo el día y toda la noche no callarán jamás.
Los que os acordáis de Jehová, no reposéis, ni le deis tregua,
hasta que restablezca a Jerusalén y la ponga por alabanza en la
tierra."
El profeta Isaías se involucró en la visión diciendo
"por amor a Sion no callaré y por amor de Jerusalén no descansaré"
y al final extendió la invitación a todos los que se acordaban
de Dios diciendo "no reposéis ni le deis tregua, hasta que restablezca
a Jerusalén y la ponga por alabanza en la tierra".
Notemos que su motivo de oración no fue localista,
en no se enfocó en las circunstancias inmediatas o temporales,
sino que se extendió a toda la tierra, para que la iglesia alcance
un futuro glorioso y su luz alumbre a todas las naciones.
Frecuentemente oramos por problemas momentáneos
o por situaciones que nos molestan o preocupan y nos olvidamos
de lo más importante. Hacemos como aquel bombero, que en lugar
de apagar el fuego, se dedicó a regar una planta. Las plantas
deben ser regadas, pero no en ese momento. La prioridad era apagar
el fuego y salvar vidas.
Isaías captó la importancia de la misión de Dios
en el mundo por medio de la iglesia. Y se dio cuenta que su responsabilidad
era orar de tal forma que la salvación se encienda como una antorcha
y que la iglesia sea establecida y puesta como alabanza en toda
la tierra. Porque el que alaba a la iglesia, alaba al Señor, el
que ama a la iglesia, ama al Señor, porque la iglesia es el cuerpo
de Cristo.
Esta verdad tiene, por otra parte, otra consecuencia
colateral. Porque toda crítica que se hace a la iglesia, se hace
a Cristo. No podemos separar a Cristo de su cuerpo.
Tenemos una misión: no callar más nuestras oraciones
a favor de la iglesia hasta que se encienda como una antorcha,
hasta que sea exaltada con poder, porque si la iglesia es puesta
en alto, es Cristo quien es puesto en alto.
II Debemos orar para que la
Iglesia haga siempre la voluntad de Dios.
Colosenses 1:9-11 "Por lo cual
también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar
por vosotros y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su
voluntad en toda sbidur4ía e inteligencia espiritual, para que
andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando
fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;
fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria,
para toda paciencia y longanimidad."
Cuando al apóstol Pablo se le informó sobre la conversión
de los colosenses, inmediatamente comenzó a orar pidiendo que
sean llenos del conocimiento de la voluntad de Dios.
Porque a Dios no le importan tanto nuestros planes,
ni todo lo que nosotros podamos ofrecer, sino en que hagamos lo
que el quiere. Algunos cuando se enferman o están pasando por
una crisis muy grave, recurren a la oración para hacer promesas
a Dios, diciéndole que si el los sana o responde a sus oraciones,
ellos le servirán o darán una generosa ofrenda, o harán algo para
demostrar su agradecimiento. Pero lo que no saben es que Dios
no se conforma con estas promesas, el nos quiere a nosotros, el
quiere nuestro corazón, el desea que hagamos su voluntad. Toda
nuestra planificación, organización o buenos propósitos no tienen
ningún valor si su voluntad no está siendo hecha.
Oramos y no recibimos; lloramos y buscamos sin encontrar
salida ¿por qué? porque no conocemos la voluntad de Dios. Oramos
para que alguien se sane, y en lugar de sanarse se muere; oramos
para que alguien cambie de actitud, y empeora. En esa situación
nos sentimos confundidos e incluso comenzamos a dudar de las promesas
de Dios ¿Por qué? Porque no estamos llenos del conocimiento de
la voluntad de Dios. Pero si él nos llena, le agradaremos en todo,
llevaremos fruto en toda buena obra, seremos fortalecidos con
todo poder y tendremos toda la paciencia y un ánimo a toda prueba.
CONCLUSION: En conclusión, si unimos estos
dos puntos: la oración ferviente y constante por la exaltación
de la iglesia y la voluntad de Dios, podríamos decir, que nos
encontramos en el camino correcto de cómo orar por la iglesia.
|