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Cómo
afirmar el Amor
Texto bíblico: 3 Juan
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Introducción: Si hiciéramos un calculo estimativo
de cual es el tema del que más se habla en las iglesias
cristianas, diríamos sin dudar que es el amor; del amor
a Dios y al prójimo. Después de una enfermedad, muerte de
un ser querido, o crisis económica, algunos exclaman: ¡Cuanto
amor me han demostrado mis hermanos creyentes!".
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Pero también en situaciones similares o no
tan graves, se oye decir: -En la iglesia no hay amor". Tanto unos
como otros, desde su punto de vista consideran que tienen razón.
Depende de cual sea su experiencia personal, de cuantos amigos
se ha rodeado, de lo que espera que hagan los demás y del tiempo
que ha permanecido como miembro activo de la iglesia. Nuestro
ideal es afirmar de tal forma el amor que todos los que ingresan
a la iglesia puedan decir: "Estoy aquí porque me aceptan, me aman,
me comprenden, me estiman y valoran lo que hago" La iglesia debe
ser el lugar donde se encuentra el sentido a la vida. La iglesia
debe ser el lugar donde nos realizamos, donde crecemos espiritualmente;
donde cambiamos nuestra conducta. La iglesia debe ser el lugar
donde se libera el poder de Dios y se rompen las ataduras satánicas
que oprimen al ser humano.
Pero si anhelamos un amor mas profundo, tenemos
que negamos a nosotros mismos, para comprender antes de querer
ser comprendidos, de amar antes de ser amados, de ayudar antes
de ser ayudados. El que comienza a ser un verdadero discípulo
de Jesús no juzgara el amor o la falta de amor de sus hermanos;
por el contrario se examinara a sí mismo para ver si en verdad
esta amando. No esperara que lo saluden, él buscara a quien saludar;
no esperara que lo visiten, el mismo se dedicará a visitar y a
animar a los más débiles. El apóstol Juan, con esta sencilla carta
nos está mostrando como trataba a sus hermanos en Cristo, como
afirmaba el amor de Dios en sus vidas, como los estimulaba al
servicio. Si prestamos atención a cada una de sus palabras, sin
duda aprenderemos una de las lecciones más maravillosas sobre
las relaciones interpersonales en la iglesia. Veamos qué debemos
hacer para afirmar el amor. Debemos:
I. EXPRESAR NUESTRO AFECTO
Notemos como comienza su carta: "El anciano a Gayo el amado, a
quien amo en la verdad" La Biblia de las Americas traduce así:
"El Anciano al amado Gayo, a quien amo en verdad" Una tarjeta,
una pequeña nota, o una palabra oportuna expresando nuestro aprecio
a un hermano, hace mucho bien. Por supuesto, no debe faltar el
sentido común y la moderación, ya que resulta molesto a cualquiera
una actitud "empalagosa" o el abuso de expresiones como "te amo"
"te quiero" en todo momento, porque pueden ser mal interpretadas.
!" Observemos que Juan decía, no solo que amaba a Gayo, sino que
lo amaba en verdad. Ya que muchas veces se expresan afectos que
no se sienten. ¡Y no hay cosa que choque mas que una expresión
de afecto insincera: Si no está amando de corazón a su hermano,
no diga "Hermano, te amo". Pero tampoco no tarde en decirle que
en verdad lo ama. Porque ese amor se logra en la presencia del
Señor. Si le falta amor, es porque aun no fue a la fuente de agua
viva, para que el amor de Cristo sea derramado en su corazón.
II. EXPRESAR UNA BENDICION
No solamente un, "Dios te bendiga" como saludo o despedida, sino
una meditada expresión de bendición, semejante a ésta; "Amado,
yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas
salud, así como prospera tu alma" (2) Antes de expresar una bendición,
primeramente debemos detenernos y pensar que necesidad tiene o
que está a punto de emprender, o cuales son sus metas, y luego,
con propiedad y fe damos la palabra de bendición, como ser: -Dios
te cuide y proteja en este viaje. -Que el poder de Dios se manifieste
y recibas sanidad completa. -Que el Señor té de constancia y sabiduría
para concluir tus estudios con las notas más altas. -Que Dios
prospere tu trabajo como nunca. -Etc. Si además, ejercitamos nuestra
fe al bendecir, sin duda alguna comenzaremos a ver no solo cambios
significativos, sino milagros del poder del Señor.
III. EXPRESAR NUESTRA ALEGRIA
"Pues mucho me regocije cuando vinieron los hermanos y dieron
testimonio de tu verdad. No tengo yo mayor gozo que este, el oír
que mis hijos andan en la verdad." El regocijo es alegría expansiva,
es demostración exterior del gozo interior. El que se regocija
se expresa saltando, gritando, riendo, bailando, aplaudiendo,
expresando a viva voz su gratitud, etc. Podemos imaginar a Juan,
el anciano manifestando visiblemente su regocijo. "mucho me regocijé"
decía cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio. Posiblemente
Juan se regocijaba cuando alguien era sanado, o liberado del poder
demoníaco, o librado de algún grave problema, o prosperado económicamente,
pero su mayor gozo, era oír que sus hijos, sus discípulos, los
creyentes, "andan en la verdad" ¿Aplaudimos, alguna vez, de gozo,
por los hermanos fieles de la iglesia? ¿Nos regocijamos porque
perseveran, testifican, diezman, sirven desinteresadamente a Jesucristo?
¿Nos regocijamos porque andan en la verdad?
IV. EXPRESAR NUESTRO RECONOCIMIENTO
"Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a
los hermanos, especialmente a los desconocidos" Gayo cumplía un
servicio muy importante y necesario en esos tiempos: hospedaba
a los viajeros cristianos en su casa. Su amor y servicio era tan
grande que San Pablo escribe "Os saluda Gayo, hospedador mío y
de toda la iglesia" (Romanos 16:23) Tal vez no tenía muchos dones,
ni era un destacado maestro, pero era fiel en este ministerio
que Dios le había dado: ser hospedador. Y Juan reconocía su ministerio
elogiando su fidelidad "fielmente te conduces cuando prestas algún
servicio a los hermanos" En la iglesia hay muchos creyentes como
Gayo, que no sé destacan en el púlpito, ni en la adoración, ni
con dones de sanidad o milagros, ni por sus fervientes oraciones,
pero que cumplen con fidelidad la función que desempeñan; sea
arreglando el lugar de reuniones, o cortando el pasto, o limpiando,
o haciendo muchas otras tareas que son de gran estima a los ojos
de Dios. ¿Recordamos algunos nombres? ¿Podemos dar gracias al
Señor por sus vidas?
CONCLUSION Hacemos nuestra
la oración vespertina de Willam Barclay, para afirmar nuestro
amor por la confesión: Eterno
Dios... perdónanos por todo aquello que hoy no hicimos. Perdónanos
por toda la palabra de consuelo, alabanza y gratitud que pudimos
decir y no dijimos. Perdónanos por toda la ayuda que pudimos prestar
a un necesitado y no prestamos. Perdónanos si con palabras y hechos
hemos dado mal ejemplo a otros llevándolos a obrar mal. Perdónanos
si hemos herido los sentimientos de aquellos a quienes debiéramos
apreciar sobre todas las cosas. Por Jesucristo, nuestro Señor,
Amen.
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