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El Cuidado Integral del
Misionero Por Mario Loss
Definición del Cuidado integral del Misionero –
Es proveer lo que el misionero necesita para llevar buen fruto,
y crecer como persona en la obra del Señor.
Ese cuidado se lo puede comparar con lo que una planta
necesita para crecer y producir fruto; abono, agua, luz, poda, y
protección de insectos o enfermedades. Cuidar del obrero significa
asegurar que no le faltan los elementos necesarios para lograr el
fin de glorificar a Dios. Vale decir que muchas veces lo que nosotros
los humanos creemos necesarios para ese fin no coincide con lo que
Dios cree importante.
La responsabilidad suprema del cuidado de los obreros
de Dios descansa plenamente en Sus manos porque es Él quien los
envía, y es Él quien tiene el poder para sostenerlos. Aunque la
iglesia le envíe, y una agencia le administre, el obrero tiene que
funcionar sabiendo que su último jefe es el Señor de la Mies. Ni
la iglesia ni la agencia pueden siempre acompañarle en la cárcel,
o darle consuelo en la enfermedad, o levantar el ánimo cuando está
cerca de la derrota. Tarde o temprano, los humanos le van a fallar,
y se quedará sólo con el Dios de todo Consuelo (II Cor. 1:3). Sin
embargo, Dios delega mucha de la administración de su obra a sus
siervos humanos y falibles. A Pedro y los apóstoles, les dio autoridad
para atar y desatar (Mat. 16:19). A los discípulos de todos los
siglos, les dio la responsabilidad de discipular a los pueblos de
la tierra (Mat. 28:19-20). A su iglesia, le dio el ministerio de
la reconciliación (II Cor. 5:18).
Cuando Cristo envió a los doce y luego a los setenta
y dos, los envió sin bolsa, ni bastón, ni dinero ni ropa de repuesto
(Lucas 9:2, 10:4). Les dio autoridad sobre los espíritus impuros
y para sanar enfermedades, pero no organizó una gran estructura
de cuidado para ellos. Mas bien, les dijo que les enviaba como corderos
en medio de lobos (Lucas 10:3).
En la tarea histórica de alcanzar a las naciones,
la responsabilidad para el cuidado integral del misionero ha sido
compartida entre tres entidades: 1) el misionero, 2) la agencia
misionera, y 3) la(s) iglesia(s) enviadora(s). Cada miembro de esta
alianza tiene un rol importante y diferente por cumplir. Aunque
en la historia han habido muchas excepciones a este arreglo, (notablemente
el apóstol Pablo y su equipo, los Moravos, Guillermo Carey, Adonirum
Judson, etc.) la gran parte de los logros misioneros se han hecho
con la participación activa de los tres socios. Solo cuando no ha
existido una de las tres partes, se ha tenido que avanzar con lo
que había.
Es mi experiencia que en la obra transcultural nunca
se encuentra una situación ideal. Con pocas excepciones, el obrero,
o la agencia, o la iglesia tienen que seguir adelante a pesar de
no tener todas las cosas que crean convenientes o aun necesarias.
Digo eso para advertir que, aunque busquemos un cuidado integral
del misionero, completo y sin falta, si no lo alcanzamos a la perfección,
no por eso debemos dejar de enviar misioneros.
Tres Categorías de Cuidado
Integral del Misionero
Preparación – Un obrero
mal preparado es un mal obrero
La responsabilidad de la preparación para ser
misionero, recae más fuerte sobre la iglesia local (1)
. La iglesia local es una fábrica de discípulos de Cristo,
y es aquí en donde los obreros son moldeados, fortalecidos y lanzados
a la obra. Parte de la preparación incluirá estudios en escuelas
especializadas y experiencias en ministerios transculturales. Una
buena preparación tiene mucho que ver con una expectativa realista
de la persona: ¿Qué tipo de ministerio va a hacer?; ¿Qué frutos
puede esperar?; ¿Qué condiciones de vida?; ¿Va a trabajar en equipo
o solo?; ¿Encontrará esposo o esposa entre los misioneros?; ¿Recibirá
elogios y galardones de otros?; ¿Cuál va a ser su situación financiera?;
¿Puede enfermarse o puede esperar sanidad divina?; ¿Recibirá comunicación
de su iglesia?; etc. Debe estar preparado en los siguientes aspectos:
carácter espiritual, perseverancia, dependencia de Dios, de tomar
iniciativa, de ver la vida con ojos realistas, de entender que sufrir
con Cristo es un privilegio, conocimiento adecuado de la Biblia,
experiencia en ministerio con cierto éxito, almas guiados a Cristo,
saber llevarse bien con otros, etc. Cuanto menos experimentados
los obreros, más supervisión de cerca necesitan. Pablo y Bernabé
podían trabajar sin supervisión, pero Juan Marcos, “no.”
Prevención
Mayormente, es el rol de la agencia misionera1
el cuidado y supervisión del obrero en el campo. Es preciso una
buena comunicación entre el obrero y su supervisor, y con los otros
obreros que trabajan en las mismas tareas. Es necesario un cuidado
pastoral del misionero por medio de periódicas entrevistas e informes
en el campo. Talleres, conferencias y retiros espirituales para
renovar el ánimo espiritual y emocional son muy importantes. Es
necesario tomarles exámenes de salud espiritual, emocional y aun
física para evitar el agotamiento. Hay que trabajar para reforzar
el sentido de familia o equipo, y de prevenir que diferencias pequeñas
lleguen a ser conflictos grandes con heridas difíciles de solucionar.
Cien gramos de prevención valen un kilo de intervención.
Intervención
Es en primer lugar, la responsabilidad de la
agencia la intervención, pero debe ser realizada con información
enviada a, o en consulta con la iglesia enviadora dependiendo del
nivel de la necesidad. Cuando hay decisiones duras de tomar, la
agencia y la iglesia deben de estar de acuerdo y bien unidas. De
no ser así, el misionero que ya no está en su sano juicio buscará
apoyo de uno contra el otro, y las dividirá. La intervención es
en primer lugar una disciplina tierna para enderecer lo torcido
antes de que se endurezca. Muchas veces la intervención viene muy
tarde porque a pocas personas les gusta confrontar a otros, y con
cada día que pasa, los seres humanos estamos menos dispuestos a
recibir corrección. Cuando viene tarde, la operación tiene que ser
más invasiva, y hay menos posibilidad de sanar las heridas. En el
proceso de la intervención, el supervisor o supervisores deben intentar
evitar el ataque a la autoestima de la persona (Efes. 6:4). Hay
que corregir las acciones pero cuidar que el obrero no pierda la
esperanza de superar sus defectos. Algunos motivos válidos para
el despido o separación del misionero de la agencia serán: una actitud
no arrepentida frente a sus fallas; de echar la culpa por todos
sus problemas a otros; de haber dejado la fe Cristiana; de crear
división constante entre la familia de Dios; haber caído en un pecado
que arruina su testimonio frente a la gente que quiere alcanzar.
Necesidades de los misioneros
Estas son necesidades de personas en cualquier
parte del mundo y en cualquier labor: 1. Sentirse amado
2. Sentirse valioso
3. Sentir que su vida tiene propósito
4. Sentirse seguro/protegido
5. Sentirse parte de una comunidad – equipo, familia, matrimonio,
u otro
6. Provisión de necesidades básicas: agua, comida, refugio y ropa.
7. Salud para funcionar
Satanás ataca al obrero de Dios en cualquiera de estas
áreas. Por ejemplo, él hace creer al misionero que Dios y la iglesia
se han olvidado de él. Le hace creer que su vida no sirve para nada.
Le hace sentir desprotegido, a solas, y en gran peligro físico o
espiritual. Le ataca en su salud física y le pone a prueba con la
falta de comida, alojamiento, ropa u otros elementos que el misionero
crea indispensables. Se puede decir que es guerra espiritual con
el propósito de hacernos perder nuestra confianza en Dios. Lo que
pasa con el misionero es que por motivos de distancia y diferencias
culturales, se complica mucho más la provisión para estas necesidades.
Muchos lazos, por ejemplo con la familia, están rotos o muy lejanos
y esto hace que el misionero ya no sienta el mismo apoyo que antes.
Lo que la iglesia y la agencia misionera tienen que hacer es buscar
la forma de proveer para estas necesidades producidas a larga distancia
y en nuevas formas substitutas.
El misionero necesita entender las promesas de Dios
tal cual son y no tener expectativas falsas que Dios siempre nos
va a sanar, liberar del sufrimiento, proveer en abundancia, y darnos
la victoria inmediata (II Cor. 1:6; 4:7-11; 7:5; 12:7-10). Hasta
hoy mismo no hemos dejado de sufrir hambre, sed y falta de ropa;
la gente nos maltrata, no tenemos hogar propio y nos cansamos trabajando
con nuestras propias manos. (I Cor. 4:11,12). Cuando creemos en
cosas irrealistas, estamos decepcionados y desilusionados cuando
no se cumplen como esperábamos. Conocer bien al Dios verdadero,
entender sus caminos, y ajustar nuestras expectativas a esa realidad
son muy importantes si queremos sobrevivir en el campo misionero.
Es parte de la preparación del obrero, pero también parte de la
prevención hacerle recordar esas verdades y promesas.
Sentirse amado Por eso, creo yo que es sumamente
importante para el obrero saber que Dios no le va a desheredar,
sino que va a seguir siendo su Padre para siempre (Juan 10:27).
Esto provee la seguridad necesaria en tiempos de prueba. “¿Quién
nos podrá separar del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, o las dificultades,
o la persecución, o el hambre, o la falta de ropa, o el peligro,
o la muerte violenta?...En todo esto salimos mas que vencedores
por medio de aquel que nos amó” (Rom. 8:35,37). Estas cosas vienen
al obrero de Dios, pero no pueden vencen al amor de Cristo ni parar
la obra que él quiere hacer a través nuestro.
Sentirse valioso El misionero debe saber que
Cristo murió para rescatarle porque para Dios, él como persona,
tiene mucho valor. Dios pagó un precio de valor inestimable al enviar
a su hijo a derramar su sangre para rescatar a cada uno de nosotros.
Solo un tonto pagaría un tesoro por basura, y Dios no es tonto.
Sentir que su vida tiene propósito El fruto
del espíritu es la evidencia que un creyente está vivo y cumpliendo
su propósito (Gal 5:22,23). No es necesario tener grandes logros
en el mundo para saber que estamos agrandando a Dios.
Sentirse protegido Saber que no importa lo
difícil de la vida, el poder de Dios va a vencer el poder del diablo
(I Juan 4:4).
Sentirse parte de una comunidad Ya somos hijos
de Dios y pertenecemos a su familia. Tenemos hermanos en todo el
mundo (I Juan 3:1-2).
Provisión de recursos Dios ha prometido que
si le buscamos solo a El y intentamos cumplir su justicia, El proveerá
comida, abrigo y el alojamiento necesario (Mat. 6:33).
¿Cómo pueden las agencias e
iglesias proveer para las necesidades de sus obreros?
1. Crear un espíritu familiar entre los obreros en
el campo. Muchas misiones a través de los años han tenido la costumbre
que los niños llamen “tío” o “tía” a los otros misioneros adultos.
Celebran juntos feriados, fiestas de cumpleaños, retiros espirituales,
bodas, etc.
2. Reafirmar el amor y sentido de valor repetidamente.
No se puede tener miedo a exagerar en esta área. A través de cartas,
correo electrónico, paquetes, llamadas telefónicas, visitas, etc.,
se puede decir vez tras vez que “Te amamos”, “Creemos en ti”, “Te
estamos respaldando”, etc. No tienen que ser costosos ni impresionantes.
Una carta por mes de varios miembros de la iglesia, una nota del
pastor, un periódico, un paquete de chicle, una caja de dulces que
no se consiguen en el lugar de servicio, un buen chiste, información
de lo que pasa en el país materno, etc. Todos deben ayudar al obrero
sentirse parte de una comunidad y a sentirse amado y valioso.
3. Enviar las ofrendas prometidas. Si el misionero
siente que es la última prioridad del presupuesto de la iglesia
o de la agencia, no va a sentirse muy valorado. La iglesia debe
ser fiel a su promesa de sustento, pero si no puede reunir los fondos,
por lo menos es su deber escribir una carta explicando por que.
4. Orar por el misionero y comunicárselo. Mantengan
oración ferviente a favor del obrero y el pueblo que está intentando
alcanzar. Pregunten al misionero por pedidos específicos, respuestas
a la oración, etc., y él sabrá que están tomando en serio la oración
por él.
5. Evaluar y corregir periódicamente la labor del
misionero. El motivo de eso no es de darle una nota de bien ni mal,
sino de ayudarle a afilar su hacha y ser más efectivo en su ministerio.
Charlas informales o formales con el supervisor y otros dirigentes
ayudan a que el misionero se sienta valorado y guiado. Debe haber
reafirmación de las cosas buenas que él esta haciendo.
6. Exigir que el misionero se cuide de sí mismo en
áreas de higiene personal, alojamiento, exámenes médicas, etc. La
agencia debe procurar que el obrero corra solo los riesgos necesarios
y no los innecesarios en su afán de alcanzar a personas para Cristo.
Si es posible, debe tomar sus medicinas anti-malariales, tener tela
mosquitera en las ventanas de su casa, purificar su agua, evitar
comidas riesgosas, y dormir lo suficiente para no agotarse.
7. Si el obrero tiene hijos, la agencia debe buscar
la mejor forma de proveer por la educación de los hijos. Esto se
hace en consulta con los padres por supuesto. Hay que ver que recursos
existen para eso, y luego tomar la mejor opción para que los hijos
no sean perjudicados por la fe y sacrificio de sus padres.
8. La iglesia y la agencia deben procurar que el obrero
no se estanque en su desarrollo como persona. Cuando está en el
campo, la agencia puede planear cursillos o animar a que estudien
un tema por correspondencia. Cuando están en “furlough” (ministerio
en su propio país), la agencia o la iglesia puede animar y costear
a que tomen un curso avanzado, o que participe en retiros espirituales,
o que vayan a recibir consejería sobre como superar algunos problemas.
9. La agencia y la iglesia deben procurar que el obrero
mantenga una buena relación con el Señor. Esto no se puede garantizar,
pero se puede facilitar proveyendo buenos libros cristianos, grabaciones
de música cristiana inspiradora, retiros espirituales, visitas de
maestros de la Biblia, predicadores, visitas pastorales, y reuniones
de oración.
10. Cuando el obrero vuelve a su país necesita ser
escuchado. No solo cinco minutos en un culto del domingo, sino en
varias oportunidades. El misionero necesita contar su historia a
personas interesadas. Hay que hacerle sentir que su obra no es solo
de él, sino de toda la iglesia y la agencia. El ser escuchado ayuda
al misionero procesar sus experiencias y aprender de ellas.
11. Cada miembro de una misión debe asumir responsabilidad
para el cuidado mutuo de otros miembros (Juan 13:34,35; I Juan 3:16).
Si un miembro se duele, todo el cuerpo se duele, y perjudica la
función de todos.
El misionero tiene la obligación de mantenerse sano
espiritual, emocional y físicamente cuando sea posible, y no agregar
cargas innecesarias a sus compañeros de trabajo.
(1) Vale decir que existen
iglesias grandes y bien organizadas que tienen la capacidad de funcionar
como iglesia local y como agencia misionera al mismo tiempo. Lo
que suele ocurrir en estos casos es que la iglesia crea una entidad
“en casa” que se responsabiliza por la supervisión de sus misioneros.
Es mi creencia que debe existir una entidad especializada que supervise
al nuevo misionero, que lo evalué en su ministerio, y que tenga
autoridad de intervenir si las cosas van para mal. Una parte de
esta entidad tiene que estar presente en el campo donde el misionero
trabaja. No se puede supervisor adecuadamente a los nuevos misioneros
de una distancia de miles de kilómetros.
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